RUTAS SANAS María del Carmen Maqueo Garza

RUTAS SANAS

María del Carmen Maqueo Garza

La pandemia es una realidad inobjetable.  Con el tiempo va extendiendo sus ramas para alcanzar áreas de nuestra vida que en un principio no imaginamos serían afectadas.  El ambiente de zozobra y angustia comienza a cobrarnos la factura emocional.  Pasa el tiempo, crece la desesperación, y surgen fenómenos como violencia y depresión.  Los índices de esta última han aumentado; ahora  comienzan a escasear  antidepresivos en el mercado mundial.  Se dan casos que suponíamos exclusivos de la novela negra, como el suicidio en algunas personas que acaban de resultar positivas para COVID.  Amén de las secuelas post enfermedad, entre las cuales se cuentan cuadros neurológicos y psiquiátricos que apenas comenzamos a conocer.

Ante un panorama como éste nos preguntamos qué podemos hacer. De momento no se nos ocurren muchas alternativas.  Corresponde a cada uno revisar su armario mental para identificar con qué elementos personales cuenta, para hacer frente a la hecatombe que viene dejando nuestro universo personal “patas arriba”.

Además de la depresión surgen episodios de violencia, en particular  de tipo verbal.  Hace un par de días leía el tuit de una chica que manifiesta su dolor por la pérdida del padre; luego de dos o tres comentarios de apoyo, surge uno que dice: “Y a mí qué #$%& me importa tu vida personal”. Me resultó como una de esas fotografías instantáneas que reflejan mucho más de lo que el fotógrafo calculó antes de oprimir el botón de la cámara.  Da cabida cuenta de la indiferencia frente al dolor de otros.  Tal vez proyecta mucho más: aspectos que ni el autor del comentario identifica, emociones rancias que se filtran por las grietas de los sentidos.  Una violencia como alud que aplasta cualquier expresión ajena, una absoluta falta de empatía con los demás.  La chica no está diciendo que se le averió un neumático o que le robaron el teléfono móvil. Expresa el dolor desgarrador que representa la pérdida de una figura fundamental en su vida.  Muy en lo personal, hallo que una red social como Twitter no es el conducto ideal para estos asuntos, pues nunca falta un comentario devastador  como éste.  Pero también entiendo que  los  años de diferencia que hay entre el nacimiento de esta chica joven y el mío, representan una brecha generacional difícil de abarcar.

Hallamos cada vez más desolación en nuestro entorno; menos columnas de dónde sostenernos, y una vigente indiferencia social, que aporta poco para el control de la enfermedad.  Necesitamos valernos de otros recursos que nos permitan seguir a flote mientras pasa la crisis. En más de una ocasión he comentado en este espacio lo reconfortante que ha sido la lectura para mí  durante la pandemia.  El libro es ese mejor amigo al que podemos recurrir en cualquier momento para superar la realidad que a ratos nos rebasa. Para entenderla mejor, o –por qué no-- para reinventarla.  En su recopilación de conversaciones y conferencias, denominada “La forma inicial” (sextopiso, 2015), el argentino Ricardo Piglia ofrece incontables lecciones de vida.  Va dirigido a estudiantes de Literatura. En lo personal siento que su área de influencia va mucho más allá.

La lectura modifica la realidad que vivimos; la redimensiona y hermosea.  Digamos, cuando Piglia habla de la luz a través de la historia, nos lleva a descubrir la grandeza de este elemento en nuestras vidas, de cómo se filtra la luz del sol a través del cristal de las ventanas.  De la forma en que podemos seguir teniendo luz cuando ha caído la tarde, y de cuan afortunados somos hoy en día, de poder hacer aquello que en los inicios de la civilización resultaba imposible.  Así, como este ejemplo, podemos hallar un sinfín de elementos que tenemos al alcance de la mano, y que en la evolución de la historia nos hacen ver lo  privilegiados que somos.  Vienen a mi mente aquellas maravillosas palabras de Facundo Cabral: “No estás deprimido, estás distraído”. Cierto, esa misma labor de redescubrimiento de lo cotidiano podríamos hacerla sin mapa, aunque, dada esa misma distracción, es más complicado.

A través de los libros podemos ver con otros ojos la realidad que, hay que decirlo, a ratos nos sofoca.  Piglia habla sobre las redes sociales como un método de taquigrafía a través del cual nos comunicamos, sin  incluir el manejo de ideas y emociones iluminadoras, que buscamos enviar o recibir a través del lenguaje formal.  Además –lo vemos de manera clara en Twitter—da pie a que nuestro mensaje sea contestado con una carga de agresividad.  Piglia habla de capas de significación que la escritura tradicional nos permite agregar al núcleo original, y que representa un ejercicio que invita a la reflexión.

Habrá que hallar rutas sanas para liberar el estrés de estos tiempos: Yo recomiendo la lectura.

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