EL ADELANTO INFRANQUEABLE DEL FINAL. Dr. Raúl Héctor Campa García

EL ADELANTO INFRANQUEABLE DEL FINAL.

En homenaje póstumo: Dr. Norberto Rivera Olvera.

“Cada vida es una historia, cada enfermo también es una singular historia (clínica y de vida). 

Todos pasaremos como humanos, al final, a ser parte de ambas historias que un médico puede contarlas”.

Dr. Raúl Héctor Campa García. 14 de enero 2021.

El domingo 12 de septiembre me informan del fallecimiento, de una de muchas de las amistades, que hemos cultivado a través de mi existencia: de Él Maestro, mi estimado Dr. Don Norberto Rivera Olvera, a la edad de 90 años. Triste noticia, “cuando un amigo se va”, que se nos adelanta en el camino infranqueable del final de nuestra (se nos hace), corta existencia. Cada amigo tiene sus peculiaridades, actitudes que lo hacen único e irrepetible; así somos los seres humanos: Don Norberto no fue la excepción. 

En estos últimos 15 años nuestra amistad se fue consolidando por el trato cotidiano, a través de las charlas matutinas desde entonces, “ANTE LAS TAZAS DE CAFÉ”, con “los caballeros de la mesa redonda”, con los médicos, colegas y amigos; en el Sanatorio La Purísima. Desde mucho antes lo conocía de referencia, cuando llegué como médico general (1977).

En ese entonces era yo un joven médico “imberbe” recién egresado, que ingresó al IMSS (1978) cómo médico general suplente (08), con aspiraciones de especializarme. Don Norberto era el Director de la Clínica Hospital T1 (hoy General de Zona 1), puesto que ocupó desde 1972, por 8 años. En ese tiempo, nunca habíamos entablado una charla, solo llamaba la atención un hombre en el que se intuía la cultura y cortesía: esbelto, alto y de imponente, pero serena personalidad. Fue de los grandes, (aparte de su estatura), médicos especialistas que retornaban a la ciudad, como otros de diferentes lugares del País. Era la época de los 60’.  En 1985 siendo un servidor pediatra, poco sabía de Don Norberto. Fue a partir del año 2003 donde lo empecé a tratar, en el cafecito del Sanatorio La Purísima. De allí, se fue consolidando la amistad con todos los contertulios “ante las tazas de café”.

Supe de su padre, el Dr. Ángel Rivera Soto, médico de prestigió qué ejerció la pediatría en la ciudad, desde 1935, hasta su muerte en 1970. (En aquella época no se fundaba el Hospital Infantil de México. Fue hasta1943). 

De su padre, Don Norberto adquirió la vocación de Médico, y estudió la carrera en la Facultad de Medicina de la UNAM (1954). En 1955 inició la Residencia de cirugía en el Hospital General del Estado (HGE) en Hermosillo (en donde realizó previamente, su internado de pregrado). En el HGE, tuvo de compañeros al Dr. Daniel Durón Morales, Oscar Russo Vogel y Diego Monteverde, con similar altura y de competencia médica (QDEP). Volverán a coincidir en la eternidad del recuerdo) 

En 1958 hizo su postgrado en Gastroenterología, en el Instituto Nacional de Nutrición (fundado en 1943), hoy INSTITUTO NACIONAL DE CIENCIAS MÉDICAS Y NUTRICIÓN, Dr. Salvador Zubirán. Retorna a Cd. Obregón, en 1960, ejerciendo su especialidad con reconocido prestigio dentro de la práctica y docencia médica. Fue miembro activo de la Federación Médica de Sonora, Colegio de Médicos Cirujanos de Ciudad Obregón (siendo Presidente del mismo), y de la Asociación Mexicana de Gastroenterología. En sus últimos años, fue integrante del Consejo Consultivo del IMSS.

 

Después de jubilado, aumentó más su pasión, (aparte de la medicina), y por tener más tiempo para sus aficiones: la lectura, leía “a diestra y siniestra”, dándose el tiempo para asistir y comentar de esto y de su deporte favorito; el beisbol. Fue fan de los Yaquis, equipo local de la Liga Mexicana del Pacífico, y del equipo de grandes ligas, Los Tigres de Detroit (que por cierto el día de su muerte, “sus” Tigres de Detroit le ganaron a Los Mets de New York). 

 

Don Norberto no solo heredó de su padre la vocación por la medicina, sino también la afición por el Base Ball. De todo esto y más, eran los temas de conversación que nos ponía en la mesa del café matutino, además de historia y política de nuestro País (también heredado de su padre, aunque nunca incursionó en político). Tal como lo plasmó en una breve historia de su padre, en un escrito que a solicitud de unos mutuos amigos, nos dejó. De esto hará dos o tres semanas antes de su sentido deceso. Escrito que entregó al Dr. Armando Barreda (a quien agradezco, también los datos de la vida profesional de Don Norberto, que traté de resumir en este artículo, y que de seguro le hubiese dado gusto verlo publicado). 

 

Ha continuación transcribo la breve Historia del Dr. Ángel Rivera Soto. 

El padre del Dr. Norberto Rivera Olvera, fue el Dr. Ángel Rivera Soto, que nació en Sahuaripa, Son. (paisano de un servidor), el 16 de abril 1898. Fue el mayor de siete hermanos; Hijos de Guadalupe Soto y Lauro Rivera. Estudió la primaria en esa población y a los 12 años de edad fue enviado a Guadalajara, Jalisco a cursar la secundaria y preparatoria, para posteriormente inscribirse en la Facultad de Medicina de la Universidad de Guadalajara, donde cursó los 3 primeros años de la carrera. En 1920 se trasladó a la Ciudad de México e ingresó a la Universidad de México, ahora UNAM y en 1923, obtuvo el Título de Médico Cirujano. 

En 1925 contrajo matrimonio con Cristina Olvera Villanueva y tuvieron siete hijos. 

 

Desde su llegada a México se incorporó a la Secretaría de Gobernación llamado por su tutor el Lic. Gilberto Valenzuela, titular de esa dependencia; su estancia de 4 años ahí, le permitió adentrarse mucho en la política de aquellos tiempos, en el régimen del Gral. Calles, estuvo como personal de confianza en los Servicios Médicos del D.F., donde temporalmente llegó a la Jefatura a principios de 1929. Dados los acontecimientos para la sucesión presidencial, se adhirió al movimiento opositor al gobierno, encabezado por el Lic. Valenzuela y el Gral. Escobar, quienes se levantaron en armas, aunque fueron rápidamente derrotados y tuvieron que irse al exilio a los Estados Unidos. Se trasladó a San Antonio Texas, en donde para ejercer su profesión requirió presentar exámenes de algunas materias, además de estudiar inglés. Obtenida su licencia decidió radicarse en Houston, donde residió hasta principios de 1935.

 

El 1ero. de diciembre de 1934 el Presidente Cárdenas en su discurso de toma de posesión dijo que los exiliados políticos que no tuvieran delitos del fuero común, podrían regresar al País y fue por ello qué en enero de 1935 se vino a Cd. Obregón, Sonora, donde ya radicaban sus padres y hermanos procedentes de Sahuaripa.

Sus últimas actividades políticas fueron a finales de los años 30s, como miembro del Cabildo Municipal. Se dedicó a la medicina orientada en un 90% a la Pediatría. En 1941 fue socio Fundador del Sanatorio Montes de Oca.

Su gran pasatiempo fue el beisbol, deporte que conoció y se aficionó en Houston. Desde 1947 y por varios años formó parte de la directiva del equipo de base ball que presidia Don Alfonso Robinson Bours, en la liga de la Costa. 

En julio de 1969 inició con alteraciones psicosomáticas que lo obligaron a estar en cama, y a los tres meses cayó en estado de coma, situación en la que permaneció hasta su muerte acaecida el 23 de julio de 1970, a la edad de 72 años. 

(hasta aquí la reseña histórica, contada por Don Norberto, aunque nos contó, más de anécdotas chuscas que vivió su padre).

            El Dr. Norberto Rivera Olvera, nació (17 de febrero de 1931) durante el exilio de sus padres, en Houston, Texas. Años después, en la edad adulta, renunció a la nacionalidad norteamericana. 

 

El Dr. Norberto cuatro años atrás, su salud se fue mermando, pero eso no lo arredraba para estar puntualmente a las 10:00 AM en el cafecito mañero, rutina que esperada con singular felicidad el Dr. Rivera, que solo se interrumpió un poco más de un año por la pandemia.  Que retomamos unos tres meses atrás, este año. 

Su apreciado amigo y colega Dr. Javier López García, desde que el Doctor por su edad y salud que le impedía manejar, era quien lo llevaba y traía de su domicilio a La Purísima para disfrutar de la tertulia con cafecito, que lo tomó como bendita devoción.

Cómo médico, estuvo expuesto a contagio de enfermedades infecciosas y a ciertas epidemias como la actual COVID19, de todos estos peligros salió bien librado, hasta que padeció una que la iba superando, y que tal vez como el poeta chiapaneco Jaime Sabines se decía para sí mismo o quizás la externó, cuando le diagnosticaron Ca broncogénico, recordando un fragmento de la poesía; “La muerte del Mayor Sabines”: “…El Señor cáncer, El Señor pendejo, es sólo un instrumento de las manos obscuras de los dulces personajes que hacen la vida”. (J. Sabines).

Don Norberto, siempre confió su salud, al gran amigo y culto Médico contertulio del cafecito: Dr. Don Juan Noriega López.

Ese día le llamé a otro entrañable amigo mutuo y también contertulio del café, Dr. Don Antonio Cerecer Beltrán, para informarle de su fallecimiento. Lo supo primero que yo, se le notó triste y más por encontrarse en Los Mochis, que por su edad no pudo estar con su amigo desde hace más de 60 años. Con su tristeza y con su excelente memoria, Don Toño se acordó, a propósito del deceso de su querido amigo, de las coplas a la muerte de su padre, del poeta Español Jorge Manrique y me recito la primera copla (I).

 

  “Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando; cuán presto se va el placer; cómo después de acordado da dolor; cómo a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor…” 

 Le agregué la copla V  

“…Este mundo es el camino para el otro, que es morada sin pensar; más cumple tener buen tino para andar esta jornada sin errar. Partimos cuando nacemos, andamos mientras vivimos, y llegamos al tiempo en que fenecemos;

así que, cuando morimos, descansamos…”). Jorge Manrique: Coplas I y V. A la muerte de mi padre

 

Don Norberto no murió de aquellas u otra enfermedad. Murió porque ya era su hora, porque murió viviendo y nunca fue un muerto en vida. Vivió más de lo que en promedio vive cualquier mortal. Ese día 12 de septiembre de 2021, tenía ya que partir. Vivirá eternamente en nuestros recuerdos, hasta que ese recuerdo perdure o muera, al morir todos lo que siempre lo estimamos. DESCANSE EN PAZ. DR. NORBERTO RIVERA OLVERA.

Dr. Raúl Héctor Campa García 

Cd. Obregón, Son. 14 de septiembre de 2021.

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