ECOS EN LA CAÑADA, María del Carmen Maqueo Garza

ECOS EN LA CAÑADA

María del Carmen Maqueo Garza

Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales. M. Gandhi

Vivimos en una región muy variada: Conviven las grandes salinas de Cuatro Ciénegas en el centro-norte, y Lagunas del Rey más hacia el sur del estado, con la impresionante sierra en las colindancias  del vecino Chihuahua.  Ello nos coloca a los coahuilenses en una situación privilegiada, en la que podemos disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor, sus fósiles, flora y  fauna, que dan cuenta de la riqueza que ha habido desde tiempos inmemoriales. El último dinosaurio encontrado en el 2018 corresponde a un Psittacosaurus, cuya edad se considera de aproximadamente 120 millones de años.

Todo lo anterior significa que dentro de nuestra propia entidad federativa hay mucho qué conocer: En la región de General Cepeda, específicamente en la zona de Narihua, se hallan unos petroglifos que, por desgracia, no han sido estudiados ni preservados en la medida en que su valor histórico lo demanda.  La última vez que estuve por allá, dejaban verse algunas muestras de vandalismo con pintura en aerosol encima de esos testimonios culturales de nuestros ancestros.

Lo que hoy quiero abordar me resulta todavía más grave: En el curso de la semana circuló en redes sociales una serie de fotografías que dan cuenta de una hembra de osezno de meses de vida, que en su desesperación bajó de su hábitat natural a buscar agua y comida en la cabecera municipal de Castaños, donde fue lazada, maltratada por simple diversión, y finalmente muerta.  En las tomas aparecen varios vecinos de la región y cuatro uniformados, cuya actitud demuestra que participaron de igual manera en la tortura  de la cachorra, que simplemente buscaba satisfacer sus necesidades vitales.

En lo particular me resultó muy dolorosa.  Me dejó varios mensajes que hoy querría revisar.  En primer lugar, se evidencia la ignorancia de quienes la sometieron y ejecutaron.  Obvio que desconocen la forma como la población de esta especie va disminuyendo con el paso de los años.  Se considera que la Serranía del Burro en nuestro estado, es el santuario de esta especie en el país, habiéndose registrado no más de 60 avistamientos por año del 2018 a la fecha. Matar una hembra representa una gran pérdida.  Otra muestra de la ignorancia de estos individuos es que desconocen que detrás de un osezno suele aparecer la mamá, y ella no habría venido a seguir la fiesta, sino a atacar con ferocidad.  Tampoco han de  saber que hay instituciones oficiales para el cuidado y salvaguarda de esta fauna local, como sería la PROFEPA. Ridícula como parece, la sanción prevista para  los uniformados: una suspensión laboral temporal.

Por más que busqué no encontré un manifiesto al respecto del grupo PROFAUNA (Protección de la Fauna Mexicana), una organización civil fundada en 1976, a la cual conocí unos años después en la ciudad de Saltillo. ONG dedicada, precisamente, a estudiar y salvaguardar, tanto la flora como la fauna regional. Los socios fundadores eran el entonces maestro Julio Carrera y la bióloga Eglantina Canales, actual titular de la Secretaría del Medio Ambiente en el estado.   No sé hasta dónde está facultada ella para hacer recomendaciones a la PROFEPA o a la Secretaría de Seguridad Pública con relación a la sanción, que en lo particular me resulta ridícula, una burla, de esos castigos que invitan a cometer la misma falta una y otra vez.

Es grave hacer mofa del sufrimiento de un ser vivo. Habla de la pobre calidad humana. Más aún si se trata de un cachorro cuya falta de experiencia lo pone en situación de riesgo; que no mide las consecuencias de su desesperación por satisfacer la sed.  Es terrible que la autoridad sea déspota, y más frente a menores de edad. Absurdo que les impongan una sentencia económica leve.  Representa algo así como bufonearse de las necesidades fundamentales de otro ser vivo.

¿Y así queremos un México empático y solidario? ¿Y de este modo buscamos preservar a nuestras especies autóctonas?   ¿Y así pretendemos enseñar a nuestros niños y jóvenes cómo se actúa frente a las necesidades de los más débiles?

Ojalá que la bióloga Eglantina Canales tenga un tiempo para leer esto y para intervenir a favor de la fauna regional que, cuando conocí PROFAUNA y la conocí a ella, representaba una misión sagrada por la cual se entregaba todo.  Los recuerdo en grupos de estudio analizando la vegetación de las distintas regiones de la Sierra a ambos lados de la frontera, Múzquiz y el Big Bend, para trabajar a favor de las especies autóctonas.

Hace un par de años le hice llegar un correo respecto a un problema regional.  No me contestó.  No me sorprendió sabiendo lo limitado de los tiempos de los funcionarios de gobierno.  Ojalá esta vez tenga yo mejor suerte.

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